sábado, 13 de abril de 2013

A días del #18A: Una nueva provocación K

"Los diez millones de empleadas del hogar de Brasil han conseguido ser equiparadas, en todo, a los demás trabajadores del país e incluso con algunas ventajas adicionales. La ley aprobada el pasado día 27 de marzo y que ya ha entrado en vigor ha constituido una de las mayores revoluciones en el campo del trabajo desde que existe la Constitución Republicana. Hay hasta quién, con énfasis, considera la fecha de aprobación de esta ley como el “fin de la esclavitud”, y no la de 1888 cuando Brasil fue el último país del mundo en abolirla definitivamente.
Sin normas claras que obligaran a los patronos a ofrecerles condiciones dignas de un trabajador moderno, hasta la fecha vivían a merced de la buena voluntad de las familias que las contrataban.
Se calcula que antes de la ley sólo un 30% de los por lo menos diez millones de esas trabajadoras recibía un salario mínimo y se les respetaban las 48 horas de trabajo semanales.
Las empleadas del hogar podrán trabajar sólo 44 horas semanales. No se permitirá cubrir más de dos horas extras diarias que deberán ser pagadas con un aumento del 50%. Tendrán derecho a la paga extraordinaria de Navidad y a un mes de vacaciones remuneradas. Junto a ello, la familia tendrá que pagar los derechos de la seguridad social, el Fondo de garantías del trabajador y el seguro de desempleo.
Para las madres que tengan niños en la guardería deberán pagársela donde no tengan posibilidades de acudir a una guardería pública. Tendrán licencia por maternidad, y en caso de despido no justificado deberá abonárseles el 40% del Fondo de garantía.
La ley es tan meticulosa que, por ejemplo, la empleada que pase el día entero en familia, acabada su jornada de trabajo, no podrá realizar actividad alguna, ni siquiera ayudar a poner la mesa y deberán descansar por lo menos 24 horas seguidas a la semana.
En cuanto al horario nocturno, desde las ocho de la noche a las seis de la mañana, además de ser pagadas con un 50% más, serán contabilizadas como 52 minutos y 30 segundos cada una".
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"Casi al mismo tiempo que Brasil, Argentina también ha elevado los derechos de las asistentas al mismo nivel que el de los demás trabajadores. Antes de la ley que este jueves promulgó la presidenta argentina Cristina Fernández de Kichner, el millón de trabajadoras domésticas –la inmensa mayoría son mujeres y pobres- de su país sólo estaba amparada por un decreto de una dictadura militar de 1955 que establecía condiciones de trabajo menos ventajosas que las de la ley general de contratos laborales.
El anterior presidente argentino, Néstor Kirchner, había logrado un fuerte progreso en la formalización de las asistentas. Sin embargo, su país no se encuentra entre los de mayor proporción de trabajadoras domésticas que cotizan en la Seguridad Social, según un reciente informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que se nutre de estadísticas oficiales de cada país. Solo el 19,5% de las asistentas argentinas se encuentra registrada, frente al 42,3% de Chile, el 41,6% de Brasil y el 40% de Uruguay. La situación tampoco es tan mala como en Colombia, donde la proporción es del 9,5%, Perú, con el 8%, o Paraguay, con el 0,1%.
La nueva ley argentina establece la excedencia por maternidad. Hasta ahora, las asistentas se quedaban sin salario durante los meses previos y posteriores al parto. También estaba limitada a un mes la excedencia por enfermedad, que ahora podrá extenderse por cinco meses. La norma recorta la jornada laboral de nueve a ocho horas diarias.
Los patrones deberán contratar un seguro por accidentes de trabajo. Además, la indemnización por despido ya no será de medio mes de salario por año trabajado sino de una nómina entera, igual que la del común de los trabajadores. La ley también prohíbe que se empleen menores de 16 años".
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"Las más de 60 horas semanales que trabaja Laura haciendo las tareas domésticas de una casa ajena no le generan ningún derecho: ni acceso al sistema público de salud, ni posibilidad de una pensión de jubilación ni indemnización si prescinden de sus servicios. Ni siquiera le proporciona un gran sueldo. 1600 pesos (132 dólares) semanales para una trabajadora de planta (interna) que está disponible todo el día de lunes a viernes y que lleva en esa casa de la delegación Benito Juárez once años. Es una de los 2.200.000 personas que realizan un trabajo remunerado en hogares particulares en México, según los datos del Instituto de Estadística (INEGI). El 95% son mujeres. La actual ley no obliga a que ninguna tenga derecho a vacaciones remuneradas, horas extra o días libres. “Aquí estoy contenta. He trabajado en lugares donde me pagaban menos y me humillaban. Cuando empecé, de chiquita, sólo me daban un huevo duro y un vaso de leche para aguantar nueve horas de trabajo”, explica Laura.
Las trabajadoras domésticas no tienen los derechos laborales de los que gozan el resto de mexicanos. Eso a pesar de que el Gobierno de Felipe Calderón se comprometió a cambiar su situación en junio de 2011. Entonces, México suscribió el convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre trabajo decente para trabajadoras y trabajadores domésticos, un texto que equiparaba sus condiciones con el resto de empleados. Sin embargo, dos años después, aún no se ha ratificado, un paso previo y necesario para su entrada en vigor y para dotar de derechos a todas esas mexicanas que limpian las casas de las familias de clase media y alta y que hacen de ‘nanis’ de sus hijos. También para el 98% de las ‘muchachas’, como se las llama en México, que no tienen servicios médicos como una prestación laboral o el 96% que no tiene un contrato escrito.
El 42% de las trabajadoras del hogar dedica más de 40 horas semanales, casi 400.000 personas (el 15,4%) declara que su jornada semanal es de más de 49 horas. Los cálculos se pierden con las trabajadoras de planta, como Laura: casi 140.000 residen en las casas en las que las emplean, con una disponibilidad horaria casi total. “Yo lo prefiero porque es más cómodo. Mi casa está en Huixquilucan (Estado de México), a dos horas de donde trabajo. Además, la señora de la casa siempre me da permiso si tengo que salir a algo”, comenta por teléfono".
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"El personal doméstico que llega a trabajar con los famosos acaba por ser malagradecido, encajoso, abusivo y ratero.
Y esto lo digo porque en cuanto se van, sea por angas o por mangas, acaban por querer hundir a su ex patrón. Hagan memoria. ¿Cuántos han demandado a Luis Miguel, a Juan Gabriel, en este caso de Juanga peores de malagradecidos porque igual el sueldo no se los pagó completo, pero ¿usted cree que no les dio trato preferencial? Es más, estoy seguro que hasta su masajito con calambre se deben haber llevado los mocitos ¿Y todo para qué? Para que acaben demandando, que quieren no sé qué tanto, ¿por qué no se quejan de todas las veces que se les dan sus buenos centavos extras o cuando se les regala que la ropa, que el juguete para el niño que tienen fuera del matrimonio, las veces que se les enferma el hijo o la madre casi siempre en lunes o regresando de vacaciones o de todo el robo hormiga que van haciendo día a día o cuando ya nomás les falta pasar con su carrito por tu despensa de todas las cosas que se llevan las malnacidas?".
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